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QUILTRAS: estos siete relatos, cortos y muy fluidos, nos hablan de un Chile que bien podría ser cualquier país sudamericano. Una chica de clase media baja que siempre estuvo enamorada de su amiga de clase alta, otra que en la soledad de la noche en la ciudad se hermana e identifica con una perrita de la calle, otra que se enamora de un desconocido a través de Internet, otra cuyo trabajo le da de bruces con una ignorada y ajena realidad del país, y así. Son, entonces, relatos sobre el enamoramiento y la iniciación sexual, particularmente entre mujeres; sobre las diferencias de clase social en las amistades y la educación; o sobre la fugacidad (¿y banalidad?) del amor en el dosmilero mundo de los chats. Cuentos certeros, muy bien escritos, pletóricos tanto de una oralidad muy bien lograda como de momentos ensayísticos que no esconden una postura crítica. Además, son cuentos con una voz de una proximidad que no encontramos tan frecuentemente, aquella perspectiva de la ciudadana o ciudadano de clase media baja. QUILTRAS es un cuentario muy interesante de la talentosa chilena Arelis Uribe, una periodista y escritora feminista que vale la pena seguir.
Leí este libro durante mi último año viviendo en Lima, el 2016, entre los descansos con los que me premiaba mientras redactaba mi tesis de licenciatura. Lo llevé a Polonia junto a muchos de mis libros favoritos y otros que tenía pendientes, y desde ese momento he retornado más de una vez a sus páginas, o mejor dicho, a algunos de sus mejores relatos testimoniales…
El libro habla de la gran tragedia desatada en la ciudad ucraniana de Chernóbil en 1986, el accidente nuclear más importante y desastroso de la historia de la humanidad. Sin embargo, fuera de la esperada lección de historia que entraña semejante lectura, lo más llamativo e importante de esta magnífica obra es su composición. Se trata de periodismo literario de alto vuelo, como todas las obras de la inefable Alexievich. En su recuento le da voz a muchos de los que sufrieron este terrible episodio: una madre, un hijo, una abuela, un obrero, un político, niños, doctores, bomberos, perros... Estamos ante un género híbrido, una “novela coral” o “polifónica” como se le ha llamado, donde la crónica periodística se traduce en una yuxtaposición de testimonios en primera persona, todos excelentes piezas de historia, registros documentales de primera mano, y al mismo tiempo, retazos de gran literatura.
Recuerdo haber llorado en silencio en un parque en Miraflores, en Lima, cerca de casa, leyendo una de las historias. Este libro me conmovió mucho, dejándome desarmado con aquel tropel de monólogos poderosos, conmovedores, llenos de significado... Es difícil de explicar. Diría que es un potente, triste y precioso libro, un documento vital para la memoria. Sus testimonios nos hablan del horror, de la muerte, del amor a la familia, a tu tierra, de lo bello e incierto de la vida. Una radiografía de la condición humana, quizá. Una lectura necesaria para el mundo.
El libro habla de la gran tragedia desatada en la ciudad ucraniana de Chernóbil en 1986, el accidente nuclear más importante y desastroso de la historia de la humanidad. Sin embargo, fuera de la esperada lección de historia que entraña semejante lectura, lo más llamativo e importante de esta magnífica obra es su composición. Se trata de periodismo literario de alto vuelo, como todas las obras de la inefable Alexievich. En su recuento le da voz a muchos de los que sufrieron este terrible episodio: una madre, un hijo, una abuela, un obrero, un político, niños, doctores, bomberos, perros... Estamos ante un género híbrido, una “novela coral” o “polifónica” como se le ha llamado, donde la crónica periodística se traduce en una yuxtaposición de testimonios en primera persona, todos excelentes piezas de historia, registros documentales de primera mano, y al mismo tiempo, retazos de gran literatura.
Recuerdo haber llorado en silencio en un parque en Miraflores, en Lima, cerca de casa, leyendo una de las historias. Este libro me conmovió mucho, dejándome desarmado con aquel tropel de monólogos poderosos, conmovedores, llenos de significado... Es difícil de explicar. Diría que es un potente, triste y precioso libro, un documento vital para la memoria. Sus testimonios nos hablan del horror, de la muerte, del amor a la familia, a tu tierra, de lo bello e incierto de la vida. Una radiografía de la condición humana, quizá. Una lectura necesaria para el mundo.